La locura como construcción social
El texto “La locura como construcción social previa al psicoanálisis y sus relaciones con la sistematización teórico-conceptual”, escrito por Mariano Acciardi, realiza un interesante recorrido del lugar que tuvo y tiene la locura a lo largo de la historia y en la actualidad, junto a los efectos que producen las distintas interpretaciones sobre la misma. Un texto que sin dudas vale la pena transitar.
Gracias Mariano por tu aporte.
“La locura como construcción social previa al psicoanálisis y sus relaciones con la sistematización teórico-conceptual”
“Hospital, palabra explicativa de por sí, pocas veces cuestionada en su sentido. Categoría del saber que como cualquier otra oculta la historia de su nacimiento presentándose en su infinita actualidad omnipresente. Edificios corroídos por la historia y el tiempo que en ellos han dejado sus marcas. Paredes silenciosas que guardan en su monumental silencio su historia. ¿A quién se le ocurriría pensar en una línea ininterrumpida que atravesando los tiempos une al hospital con las aguas y las naves que sobre ellas circulan?. Ya pocos recuerdan “La nave de los locos”, imagen ya desierta de la mitología clásica. Construcciones navegantes en las que se colocaban a los locos, librándolos a la suerte de las aguas, humores húmedos capaces de agitar las mentes de los débiles a los que se devolvía su producto. Naves de locos recorrían el paisaje de una Europa atravesada por ríos que llevaban a estos seres que habían entrado en contacto con el más allá.
De la antigua unión del agua con la locura, nace, un día preciso la Nave de los Locos. Una gran sin razón -de la cual nadie era culpable- se libraba a las aguas, tratando de arrastrar y alejar de las ciudades aquella parte inquietante de la verdad de cada uno representada por el loco del siglo XV. Mensaje apocalíptico de aquello que se avecina. La gran catástrofe que implicaba el arribo de esta nave a las ciudades de las que era rápidamente vuelta a poner en circulación, expulsada, en medio de las aguas de los ríos. Sentido apocalíptico de la locura que la unía a un misterioso sentido trágico.
El hombre débil había sido presa de sus deseos, transformaba a su alma en prisionera de la bestia. Malos augurios su presencia indicaba. Silueta de pesadilla es, a la vez, sujeto y objeto de la tentación. La libertad de sus sueños, reflejada en la verdad de la locura, tiene para el hombre del siglo XV mayor poder de atracción que la deseable realidad de la carne. Sentido apocalíptico que develaba una parte de la verdad de los hombres.
El hombre descubre en las figuras fantásticas de la locura, uno de los secretos y una vocación de su propia naturaleza. Las legiones de animales a los que Adán había dado nombre y que representaban los valores de la humanidad habían sufrido una inversión. Ahora la bestia era aquella que acechará al hombre, se apoderará de él y le revelará su propia verdad. Los animales imposibles, surgidos de una loca imaginación se han vuelto la secreta naturaleza del hombre y cuando el último día el hombre pecador aparece en su desnudez, se da uno cuenta que tiene la forma monstruosa de un animal delirante: esos gatos cuyos cuerpos de sapos se mezclan en el infierno con la desnudez de los condenados. La animalidad escapada de la domesticación de los valores fascina al hombre por su desorden, su furor, su riqueza en monstruosas imposibilidades, revelando así la locura infecunda existente en el corazón de todos los hombres.
Bola de cristal de turbios saberes infranqueable, naturaleza de tinieblas de un saber que fascina pero es expulsado en razón de su propia tentación irresistible. Espesura inmensa de un saber familiar, desconocido, ominoso… Saber prohibido que predice el reino de Satán y el fin del mundo.
La Nave de los Locos se desliza ahora por un paisaje delicioso donde todo se ofrece al deseo. Falsa felicidad, triunfo diabólico del anticristo.
Una nueva iconografía del fin del mundo nace a la luz del nuevo siglo (XV). La bestia del Dragón deja su paso a una tierra que vomita sus muertos, montañas que se vuelven planicies, toda vida se seca y muere. Ya no se trata más de un tránsito a la felicidad de la otra vida. La Nave de los Locos anuncia la llegada de una noche que devora la vieja razón del mundo. Sabiduría satánica que revela la despiadada verdad del infierno. El animal que acecha al hombre es su propia naturaleza. Es la locura la que conduce los alegres coros de las debilidades humanas. Extraños caminos de un saber acechante. Saber prohibido que por su exceso se apodera de las mentes y los cuerpos de los hombres.
Años más tarde, hombres de saber, en este caso, son acercados a los locos. Hombres que en lugar de basarse en el gran Libro de la experiencia se pierden en el polvo de los libros de los hombres. Locura como castigo al saber presuncioso. Apego a si mismo como la primera señal de la locura….
La locura ahora relacionada con la verdad pero no con la verdad del mundo, sino que devela para el hombre la verdad de su propia naturaleza. La locura desde su lugar de saber pasa poco a poco a estar fascinada por la ilusión que la guía. Locura, espejo que reflejará para el que en él se mire, nada real, sino la ilusión de su propia presunción. Hacia el fin del siglo XV la experiencia de la locura toma el aire de una sátira moral. “Dulce ilusión que libera al alma de sus penosos cuidados y la entrega a las diversas formas de voluptuosidad”. Los hombres de saber toman distancia desde su risa irónica. Ya no se trata de la rareza a la vez familiar y extraña del mundo para ellos. Una experiencia “cósmica”, deja lugar a una experiencia “crítica” de la locura. De la proximidad de esas formas fascinantes a la distancia de la ironía.
En la tradición humanista la locura es progresivamente atrapada en las redes del discurso. Refinamiento que poco a poco la desarma, la hace más sutil, más domesticable. Ya no puede ella aducirse el derecho a la última palabra sobre la verdad del mundo. Hacia el siglo XVII la locura se convierte en una forma relativa de la razón, por un lado y por otro en una de las formas mismas de la razón. Toda una transición a lo largo de la época barroca va a culminar, en el siglo XVII, en el triunfo de la razón por sobre la locura. Logrando así la confiscación definitiva de la experiencia trágica de la locura por la razón, por la conciencia crítica. La locura es llevada poco a poco de la seriedad dramática de la tragedia hacia el dominio irónico del error. Se oculta bajo la figura del error, el secreto trabajo de la verdad. La locura toma lo falso por lo verdadero, el hombre por la mujer.
Nace la experiencia clásica de la locura. Una nueva sensibilidad en su horizonte se aproxima. Los poderes inquietantes de Satán han perdido su violencia. Subsisten formas transparentes y dóciles integrando el inevitable cortejo de la razón. Ya no irá más desde el más acá del mundo hacia un más allá desconocido. La nave de los locos ha atracado entre las cosas y las gentes, en las puertas de las ciudades. Una nueva figura en el horizonte se divisa. El “Hospital de locos” se aproxima. Cabezas vacías, luego de poco más de un siglo, se prestan dócilmente a ser ordenadas y mantenidas según la verdadera razón de los hombres. Cada locura esta presta a ocupar su lugar en los discursos. El embarco ha cedido al encierro.
En el camino de la duda Descartes encuentra a la locura junto al sueño y al error, expulsada de los límites de la razón. Destierra a la locura en nombre de la duda. El encaminamiento de la duda cartesiana permite testimoniar que en el siglo XVII el peligro se halla conjurado y que la locura está fuera del dominio de pertenencia en que el sujeto conserva sus derechos en relación con la verdad. El hombre siempre puede estar loco, pero el pensamiento no puede ser insensato.
En medio de esta nueva sensibilidad que se avecina, surgen en toda la europa del siglo XVII los grandes internados. Las cartas de captura de la monarquía no vacilaban en aplicar su poder absoluto sobre el reino. Una extraña vecindad asignaba una misma patria a los pobres, los desocupados, a los jóvenes de correccionales y a los insensatos. La fundación del “Hôpital Général” (1656) atestigua de su estructura semijurídica, de administración policíaca del reino, que -al lado de los tribunales-, decide, juzga y ejecuta. (Foucault, 1990, Tomo I, Pag. 82)
La práctica del internamiento designa una nueva reacción frente a la miseria, un nuevo patetismo. Tres oposiciones, al decir de Foucault, constituyen los ejes del anudamiento de las experiencias de la “sin razón”:
- Sexualidad Vs organización de la familia burguesa
- Profanación Vs la nueva concepción de lo sagrado
- Libertinaje del pensamiento libre Vs sistema de las pasiones.
Todas las experiencias relacionadas que estas oposiciones inauguran son agrupadas bajo el común denominador de la “SinRazón”. Se constituyen en los ámbitos autorizados para el ejercicio de la internación en el siglo XVII.
La primera tiene su expresión paradigmática en el tratamiento que se le daba en las instituciones correccionales a los que padecían de enfermedades venéreas. (Ibid, Pag. 132)
La nueva delimitación de lo sagrado se ve expresada en el vaciamiento de eficacia de la magia, la hechicería y la alquimia, dejadas del lado de la ilusión y el engaño.
Los Hospitales, el internamiento toman, en sí el ordenamiento racional de la nueva sociedad. Más moralmente prestigiosos, que científicamente confiables, los médicos comienzan a introducirse en los Hospitales. Atónito, perplejo el Quáquero en Bicêtre retrocede ante el horror de ese ser inhumano que profanaba sin miramientos insultos y blasfemias en su presencia.
Si en los confines de la experiencia clásica de la locura, la “sin razón” aparecía casi en continuidad con la buena razón del mundo que debía someterla, desde el fin del siglo XVII y comienzos del XVIII esta sin razón poco a poco es expulsada de los dominios de la razón.
Una nueva “naturaleza racional” del hombre aparece. Por “naturaleza” se hace pasar lo que es en realidad producción, concepto. La liberación de las cadenas de los alienados por Pinel aparece como la liberación de una verdad siendo no más que la reconstrucción de una moral.
Pinel en Francia, Tuke en Inglaterra; los iniciadores de una nueva experiencia de la locura previa y determinante de su posterior borramiento en la experiencia positiva de la enfermedad mental.
Tiempos revolucionarios en Francia condicionan una nueva reorganización de los dispositivos de exclusión.1790, (Ibid, Pag. 197) Bicêtre, casa de pobres. Recibe a todos los alienados de “Hôtel Dieu”. Bicêtre hereda una función médica. La función médica se introduce para la adecuada selección de los insensatos (Ibid, Pag. 198). La designación de Pinel, el 25 de Agosto de 1793 da cuenta de su conocida reputación en el conocimiento de las enfermedades del espíritu. La existencia de los locos se había convertido en un problema médico.
La locura debe ser desenmascarada en nombre de la razón y la verdad, la ausencia de error.
Quitarles las cadenas a los alienados es dejarlos aparecer en una objetividad ya no vedada. Constitución de un dominio en que la locura debe aparecer en su verdad pura.
Locura, dominio objetivo del médico ya se encuentra en el horizonte.
Dos grandes líneas representadas por estos innovadores del siglo XVIII. El Retiro en Inglaterra y Bicêtre en Francia. Contemporáneos de un movimiento, disidentes en sus concepciones, pero concordantes en su objetivo último: El retorno del hombre a su naturaleza y expulsión de ella de la Locura.
El “Retiro”. El aire puro, la tranquilidad del campo, el trabajo de la tierra, la cercanía de la naturaleza y el alejamiento de las ciudades devolvería al alienado su cordura. Alienado, enajenado de la naturaleza, el loco era víctima de una especie de olvido, de adormecimiento de su esencia. Una misteriosa interpenetración haría posible su retorno.
La nueva entidad jurídica de los tiempos modernos había sido consolidada. Desde la “sin razón” fuera de todo juicio (La Nave de los Locos), pasando por la exclusión luego de un único juicio (Hôpital General), hasta la nueva institución de juicio permanente mucho había sido el camino recorrido.
El terreno para que la ciencia médica positiva coseche sus frutos había sido convenientemente preparado y sembrado. La “lección de los hospitales” va a permitir progresivamente encadenar a la locura sacándole sus cadenas. Pinel libera a los locos, pero condena a la locura a quedar encadenada a la humillación de ser, para sí misma, objeto. El microcosmos de las prácticas médicas de comienzos del siglo XIX va a reflejar, anular y ocultar las estructuras fundamentales sobre las cuales se erige la sociedad burguesa.
Paradoja curiosa en la que la práctica médica se introduce en ese dominio incierto, cuasi milagroso, en el momento mismo en que la enfermedad mental comienza a adquirir un carácter de positividad científica.
El Hospital se propone más que nunca como el territorio propicio de la ciencia positiva para lograr una adecuada delimitación de “Signos y Casos” que el método clínico permite y requiere.
Desentrañar el principio y la causa de la enfermedad en medio de la confusión de sus síntomas. Formar una ciencia sobre el dominio perceptivo.
Estructura lingüística del signo y aleatoria del caso van a ser las coordenadas fundamentales de la clínica del siglo XIX en adelante.
Tuke y Pinel, reformadores, iniciadores del nacimiento de la firme estructura que va a ser la célula esencial de la locura, microcosmos donde están simbolizadas las grandes estructuras de la sociedad burguesa y de sus valores esenciales Familia-Hijos, alrededor de la doctrina de la autoridad paternal; Falta-Castigo, alrededor de la doctrina de la justicia inmediata divina; Locura-Desorden, alrededor de la doctrina del orden social y moral.
En el siglo XVIII, con las curas a partir del distendimiento de las fibras nerviosas o de la dilución de los fluídos a partir de terapéuticas tales como las duchas de agua fría, o en el XIX con la cura moral por una voluntad firme no se encontraba oculto el sentido moral de la práctica médica…
El enfermo así, cada vez con mayor facilidad aceptará abandonarse a las manos del médico, a la vez satánico y divino, o en el mejor de los casos, fuera de la medida humana, alienándose así cada vez más a éste.
Charcot, poniendo en evidencia, a la vez que exaltando el poder del médico sobre sus histéricas así lo demuestra. Sin embargo, algo cada vez más oculto aparece en la práctica médica de los hospicios hasta hacerse casi completamente imperceptible bajo la eficacia de los modernos psicofármacos.
Este misterio de la práctica psiquiátrica es parcialmente reconocido en el siglo siguiente por el psicoanálisis, pero exaltado a su máxima expresión, quedando a éste el mérito de tomar en su realidad a la pareja médico – enfermo, sin intentar, sino al contrario fijar la consideración de ésta. Freud hace que se dirijan hacia el médico todas las estructuras que Pinel y Tuke habían dispuesto en el confinamiento.
Los síntomas permiten designar una esencia mórbida y una causa próxima. Los síntomas constituyen una Capa Primaria a partir de la cual habrá de enunciarse la enfermedad en su verdad objetiva, independiente del médico y del enfermo, esencia tercera con existencia propia que oculta en su fetichismo las formas sociales de construcción de una entidad mórbida.
El ser de la enfermedad es enteramente enunciable en su verdad. Ver… Saber… Observación y experiencia, las bases de una clínica objetiva van siendo desplazadas poco a poco en beneficio de una nueva consideración de la locura que no excluye, sino por el contrario incluye ahora al médico.”
Bibliografía:
Foucault M. (1990). Historia de la Locura en la Época Clásica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Foucault M. (). El Nacimiento de la Clínica: Una arqueología de la mirada médica. Buenos Aires: Siglo XXI.
Foucault M. (). Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.
Foucault M. (). La Vida de los Hombres Infam
