Maurice Jean Berger, luego Maurice Béjart, nació en Marsella el 1 de enero de 1927, era hijo del filósofo Gastón Berger, y también se tituló como doctor en filosofía. Fue bailarín y escritor pero su gran desarrollo y aporte lo realizó como coreógrafo. Ha sido sin dudas un gran innovador, no sólo en lo que hace a la danza clásica y contemporánea, sino también en cuanto a la concepción de las obras que creaba ya que supo incluir partes habladas (incluso la lectura de textos), el canto y elementos de diseño y escenografías que formaban un todo conceptual y “multimedial” diríamos hoy de cada obra. Creo que el ver y gozar de sus ballets ha sido una de las experiencias vivenciales más fuertes que he tenido ya que luego de ello la concepción sobre la danza y el arte ya no era la misma.
Era un fantástico maestro de la vida, además, lleno de energía, inquietudes y con una gran capacidad para aunar conocimiento y arte, sumado a ello una comprensión del ser humano que expresaba tanto en sus obras como en sus elecciones. No casualmente su compañía estaba repleta de gente de diversos países y las temáticas que abordaba tenían siempre que ver con temas filosóficos pero que hacen a la condición humana y a su modo de existencia.
Me gusta recordarlo como cuando lo conocí en el Teatro Colón, siempre de negro y con unos ojos verdes de gato que iluminaban a quien los mirara. En esos años de mi adolescencia recuerdo haber visto al “Ballet du XX Siècle” en La consagración de la primavera, El pájaro de fuego, Petruska, Amor de poeta y el famoso Bolero de Ravel bailado por su bailarín fetiche, Jorge Donn.
Hoy te has ido pero quedan tus obras y tu legado como maestro. Como homenaje va aquí el video del bolero bailado por Jorge Donn.