Hoy leyendo el diario me entero de la intervención del neuropsiquiátrico “Domingo Cabred”, más conocido como Open Door, debido a que detectan “graves irregularidades” entre las que se menciona la muerte de un paciente atacado por una jauría de perros en el interior del predio. Es ampliamente conocido el hecho del desvalimiento que padecen los pacientes en los hospitales para crónicos, lamentablemente y aunque gran cantidad de profesionales de la salud hacen el esfuerzo por rehabilitar y mitigar el dolor, la realidad es que esta modalidad de intervención institucional atenta contra la misma idea de rehabilitación o de cura. Como ya lo mencionara Foucault en la “Historia de la locura en la época clásica” la internación psiquiátrica en la modernidad vino a ocupar el lugar que antes tenían los leprosos en la Edad Media, es decir: la segregación, el aislamiento. Desde allí es que podemos constatar como hay una gran cantidad de sujetos que son depositados y abandonados en estas instituciones y cómo cada vez más van perdiendo la posibilidad de restaurar lazos y reestablecer su lugar en la sociedad.
En un muy lúcido artículo el frente de los artistas del Borda así lo describen:
“La fragmentación de lazos sociales junto con el temor permanente conlleva a la resignación y el desinterés ante una situación que se percibe como sin salida, lo que suele dar paso al aislamiento y a la paulatina desaparición de la conciencia crítica. En estos lugares, la persona va siendo sometida a una serie de despojos: la pérdida de su identidad, la fragmentación de los lazos sociales y afectivos, el arrasamiento de sus deseos, la privación de su intimidad, el menoscabo de sus derechos civiles y políticos. En fin, de todo aquello que es más propio y singular de un ser humano. Estas privaciones cobran tal valor de naturalidad que quienes componen el sistema institucional pierden sensibilidad, pensamiento crítico, y por sobre todo, capacidad creativa.
Por otro lado, la situación exterior de exclusión social hace del “caer” en la institución una trampa de muy difícil salida, ya que a la dificultad de volver a vivir fuera del hospital se agrega la situación desventajosa del estigma social, con lo cual la institución cambia en muchos casos del rol para el cual se dice que ha sido creada, asistir, atender, acompañar, para convertirse en el único medio de vida para personas que sufren entonces un doble desamparo, el de su propio padecimiento y el del la exclusión social.”
Ya es sabido entonces que esta modalidad de intervención está caduca y es iatrogénica, a la vez que la salida hacia la desmanicomialización sólo es posible con fondos y una fuerte voluntad política que sostenga todo lo necesario para instaurar un dispositivo de casas de medio camino, atención ambulatoria, internaciones cortas, tratamiento con equipos interdisciplinarios, cooperativas de trabajo y el mantenimiento en el tiempo de una estrategia de sostenimiento de una red social, comunitaria y familiar que contenga y facilite la reinserción lejos del estigma. Afortunadamente hay antecedentes como el de Trieste liderado por Basaglia, o en el país la experiencia de Río Negro; pero en todos los casos el proceso ha llevado tiempo y no fue forzado o impulsado por una aspiración de intereses inmobiliarios. Ojalá que algún día el interés esté puesto en la Salud Pública y en estos sujetos que padecen inermes el dolor en su mente, en su cuerpo y en el abandono.
Fuentes:
http://www.frentedeartistas.com.ar/
http://www.clarin.com/